"Al ver que no respondía, presionó sus muslos y se acopló en ella, arrementiendo dura y profundamente, y encontrándola húmeda, cálida y acogedora.
La oyó reprimir una asombrada boqueada de placer cuando su poderoso miembro la llenó. Penetrándola estrechamente, comenzó a moverse retirándose y acometiendo de nuevo hasta que ella se arqueó y lanzó un grito, indefensa, perdida en la red de su propio deseo.
Él captó con su boca sus suaves y salvajes sonidos compartiendo su desesperación, su voraz necesidad. Cuando ellla lo envolvió con sus piernas y se levantó para seguir su firme ritmo, él la penetró aún más profundamente, dominado por el ciego deseo. Minutos después cuando ella se agitaba en pleno clímax, él se estremeció y vertió su semilla en su interior con un estallido de éxtasis explosivo; sus roncos gemidos mezclándose con los gritos de la chica, mientras se retorcía contra ella.
Durante largo rato permaneció allí, respirando con violencia, latiendo todavía oleadas de turbación, con el rostro sumergido en la dulce fragancia de su cabello, y rodó hasta ponerse de espaldas con la piel aún brillante por el sudor de su salvaje acto amoroso.
La atrajo hacia su cuerpo y contempló el dosel sobre su cabeza maldiciéndose por dejar que su pasión fuera tan incontrolada. El infierno sabía que se había propuesto permanecer alejado de ella. Comprendía demasiado bien el peligro que representaba ella. Estaba demasiado próximo a acabar obsesionado por ella. Sin embargo, no podía negar su deseo, como tampoco podía inmovilizar los latidos de su corazón.
Jugueteaba ausente con un rizo del bruñido cabello de ella. Incluso después de haberse saciado tan salvajemente, la necesidad de ella recorría su cuerpo como brandy encendido por el fuego.
¿Qué diablos estaba sucediendo? Había tenido incontables mujeres en su licencioso pasado, pero el deseo de poseer por completo a una, era totalmente nuevo para él. La deseaba más de lo que había deseado antes a mujer alguna, y no conocía la razón.
La profundidad de su deseo era asimismo nueva. La necesidad fiera y primitiva, que retorcía sus entrañas no estaba solo en la superficie sino en todo su ser. Cuando ella se hallaba cerca, sólo deseaba perderse en ella, sentirla, saborearla, sumergirse en el exquisito placer de hacerle el amor. Convertirse en parte de ella.
Él cerró los ojos. Temía muchísimo estar sucumbieno a la fatal aflicción que siempre había despreciado en otros hombres.
Pese a sus intenciones, estaba siendo capturado en su propia seducción."
Autora Nicole Jordan (enviado por Druida)
















