El hecho de poder vivir las
cuatro estaciones del año en apenas una semana es toda una experiencia.
El viento que jugaba con
mi equilibrio nada más pisar tierra ya es un recuerdo perdido en mi memoria. Aunque
es cierto que jamás olvidaré la ira de Céfiro, cuyo objetivo parecía ser querer
derribarme una y otra vez. Para su desgracia nunca lo consiguió, teniendo que
contentarse tan solo con llevarse por delante algún que otro gorro protector.
Tras un día soleado como
el de hoy la primavera parece querer asomar a la vuelta de la esquina. Helios
ha sacado su pincel y ha coloreado árboles, personas, fachadas y jardines con
una tonalidad que no había visto anteriormente por estos lares. El simple hecho
de pasear hoy por los parques de la ciudad bajo el influjo del astro rey era un
placer para los sentidos.
Aún así, uno no está
nunca a salvo de un buen chaparrón. En cualquier momento y allá donde te
encuentres, debes estar preparado para un remojón repentino. Con tu nuevo gorro
recién comprado ajustado en tu cabeza y con un buen chubasquero, la ciudad no
tiene secretos para nadie.
Pero ojo, no debemos
olvidar de donde venimos para así afrontar con entereza el futuro. Está fresco
ese otro día frío en el que la blanca nieve cubría todo al alba. Con ganas de
seguir siendo protagonista, los copos de nieve no dejaron de caer hasta que
sobrevino el ocaso. Para entonces, no había rincón por las calles que hubiera
escapado a su blanca pureza.
Ya puede llover a cántaros, soplar un vendaval que te arrastre, iluminar el sol hasta que te achicharre o nevar hasta que se te congelen pies y manos, que yo estoy a buen recaudo en la estación de la vida.
Artículo reeditado: Originalmente publicado el 19 de Febrero de 2013.
Artículo reeditado: Originalmente publicado el 19 de Febrero de 2013.

