Buenas tardes mi amor, deseaba tanto este momento que los días han sido interminables, así que hoy es fiesta porque estamos juntos.
Pasear por el parque de tu mano es sentirme importante, ser uno mas de los que la responsabilidad no les pesa y exteriorizo mi alegría y orgullo.
Las risas cómplices en nuestros rostros tapaban el cansancio acumulado por el ejercicio del paseo en bici, los columpios, los toboganes, y casi todo lo que por allí había, ah, sin olvidarnos del paseo en barca, que estuvimos a punto de caer al agua, menos mal que aquel lago apenas tiene profundidad.
Camino a casa te observaba por el espejo retrovisor como se te iban cayendo los párpados, el trayecto en coche se hace corto, cómodo y con la dulce música se relaja mejor el cuerpo, así que intenté ir lo mas rápido posible para que no te quedaras dormido en el coche.
Una buena ducha y una cena rápida fue el tope para que te quedaras totalmente dormido y agradecí a la vida ese momento que había dejado de tener y sería el primero de los muchos que vendrían después.
Desde el sofá te llevé a tu cama, apenas te incomodaste, tu peluche preferido lo coloqué junto a tu cara y te besé en la frente como despedida de buenas noches, pero no antes de observar durante mucho tiempo como dormías, la forma de respirar, tus labios, tu pequeña nariz, tu pelo, tus manos, tus dedos, algún lunar por tu piel, era dichoso.
Apenas pude dormir sabiendo que estabas conmigo, era un estado nuevo para mi, estaba nervioso, pero al mismo tiempo feliz, muy feliz.
Me encantas, me llevé media hora contemplando tu despertar, el bostezar, desperezarte, me hacías recordar mi niñez, me diste un beso de buenos días y un fuerte abrazo y mi corazón repuso sus pilas de inmediato.
Un buen aseo matinal y no menos un desayuno completo inyectan vitalidad para emprender el siguiente día, los dos juntos, los dos solos, y no podía faltar las preguntas de rigor, ¿por qué no está mamá?, ¿por qué no lo intentáis de nuevo?, yo os quiero a los dos, ¿por qué no os queréis vosotros? .
Las preguntas me golpeaban en mi cabeza y no veía salida en aquellos momentos, no era capaz de responder con acierto a esas preguntas que se debían haber planteados antes de, y no lamentablemente en esos instantes.
Pasear por el parque de tu mano es sentirme importante, ser uno mas de los que la responsabilidad no les pesa y exteriorizo mi alegría y orgullo.
Las risas cómplices en nuestros rostros tapaban el cansancio acumulado por el ejercicio del paseo en bici, los columpios, los toboganes, y casi todo lo que por allí había, ah, sin olvidarnos del paseo en barca, que estuvimos a punto de caer al agua, menos mal que aquel lago apenas tiene profundidad.
Camino a casa te observaba por el espejo retrovisor como se te iban cayendo los párpados, el trayecto en coche se hace corto, cómodo y con la dulce música se relaja mejor el cuerpo, así que intenté ir lo mas rápido posible para que no te quedaras dormido en el coche.
Una buena ducha y una cena rápida fue el tope para que te quedaras totalmente dormido y agradecí a la vida ese momento que había dejado de tener y sería el primero de los muchos que vendrían después.
Desde el sofá te llevé a tu cama, apenas te incomodaste, tu peluche preferido lo coloqué junto a tu cara y te besé en la frente como despedida de buenas noches, pero no antes de observar durante mucho tiempo como dormías, la forma de respirar, tus labios, tu pequeña nariz, tu pelo, tus manos, tus dedos, algún lunar por tu piel, era dichoso.
Apenas pude dormir sabiendo que estabas conmigo, era un estado nuevo para mi, estaba nervioso, pero al mismo tiempo feliz, muy feliz.
Me encantas, me llevé media hora contemplando tu despertar, el bostezar, desperezarte, me hacías recordar mi niñez, me diste un beso de buenos días y un fuerte abrazo y mi corazón repuso sus pilas de inmediato.
Un buen aseo matinal y no menos un desayuno completo inyectan vitalidad para emprender el siguiente día, los dos juntos, los dos solos, y no podía faltar las preguntas de rigor, ¿por qué no está mamá?, ¿por qué no lo intentáis de nuevo?, yo os quiero a los dos, ¿por qué no os queréis vosotros? .
Las preguntas me golpeaban en mi cabeza y no veía salida en aquellos momentos, no era capaz de responder con acierto a esas preguntas que se debían haber planteados antes de, y no lamentablemente en esos instantes.



