Si nos
remontamos a la Edad Antigua,
vislumbramos el origen y desarrollo de las primeras civilizaciones. Es en este
momento cuando surge la vida urbana, con lo que ello acarrea: poder político,
monarquía, religiones, estratificación social, trabajo, comercio y esclavitud.
¿Estamos
en condiciones de afirmar que todos estos elementos humanos que nacieron hace
casi 7.000 años siguen coexistiendo en la actualidad? Sin dudarlo todos
diríamos que la esclavitud ha sido abolida. Pero yo me pregunto: ¿Y si en realidad
ha sido transformada y amoldada a los tiempos que corren?
La
esclavitud aparece debido a las guerras. Parece que su origen histórico
proviene de la práctica de aprovechar como mano de obra a los cautivos en las
guerras. Había otra posibilidad muy usual por aquel entonces: sacrificarlos.
El
florecimiento cultural de grandes imperios, como la Atenas de Pericles o la Roma Clásica, estaba
fundamentado en una economía basada en la fuerza de trabajo esclava. ¿Cuál es
la fuerza que permite el sostenimiento en la actualidad de las grandes
superpotencias económicas?
El
propio Aristóteles sostuvo que la esclavitud es un fenómeno natural. Como tal
se mantuvo durante muchos años de la historia de la humanidad, amoldándose a
nuevos tiempos. Podemos mencionar el feudalismo o la colonización de América
como momentos de la historia en los que la esclavitud estuvo en auge.
No es
hasta principios del siglo XX cuando la esclavitud es abolida oficialmente por la Sociedad de Naciones
(antigua ONU) en la
Convención sobre la Esclavitud celebrada en 1926.
A pesar
de la entrada en vigor del tratado firmado en dicha Convención y de estar “oficialmente
prohibida” en casi todos los países, la esclavitud sigue existiendo a gran
escala, tanto en sus formas tradicionales como en nuevas formas de esclavitud.
Según un estudio publicado en el año 2000 podría haber unos 27 millones de
esclavos en todo el mundo.
Seguramente
tengamos la inercia de situar todos estos datos sobre la esclavitud contemporánea
en países del Tercer Mundo. Nuestra visión primer mundista tiende a hacerlo, y más aun cuando estamos en un sistema que fomenta y mantiene la figura del "esclavo feliz".
Así pues, considero que a
principios del siglo XXI se expandió la esclavitud como nunca antes en nuestro
entorno. La esclavitud se puede definir como una situación por la cual una
persona (el esclavo) es propiedad de otra (el amo), y todo ello regulado
jurídicamente, esto es, con contrato firmado y sellado.
Todo
ello me lleva irremediablemente a relacionar a los bancos con los actuales
amos, y a todas aquellas personas endeudadas con ellos como los esclavos
modernos. Quizá nuestras mentes no están preparadas como en el pasado para
asimilar esto. De este modo, cuando una persona incumple el contrato con su amo y se da cuenta de que su esclavitud no era tan feliz como pensaba, no
le quedan muchas más opciones que la muerte. Exactamente igual que a aquellos
despojos de las guerras ancestrales que eran sacrificados sin ningún tipo de
compasión.
Artículo reeditado: Originalmente publicado el 27 de Noviembre de 2012.






















