El espíritu estaba acorralado.
En su deambular galáctico era necesario detenerse con cierta
frecuencia allí donde la materia se concentraba con mayor intensidad. Tenía que
hacerlo para recargar su maná. Le servían asteroides, cometas, satélites,
planetas y por supuesto estrellas. Siempre entraba y salía de los mismos con
una facilidad pasmosa, para volver a vagar por el éter galáctico, el cual era
responsable de su deterioro.
Todos aquellos lugares que había visitado hasta ahora
carecían de la belleza del que en este momento le albergaba. Pero tal hermosura
no le otorgaría la libertad y le condenaba a la muerte espiritual. Este lugar
no le servía para recargarse. Su sabiduría le permitía albergar esperanzas de
retorno, siempre y cuando fuera capaz de resolver cuanto antes el dilema en el
que se encontraba.
Desde la inmensidad astronómica había vislumbrado el agua
cristalina que cubría gran parte del lugar al que se dirigía. Cuando su aura se
reflejó en este compuesto, una humedad fría recorrió su ser. Decidió tomar una
muestra por si en algún momento la requería.
En su levitación terminal encontró oquedades terrenales y
decidió introducirse por una de ellas, resultando ser un lugar seco y caliente.
Veía en las profundidades un fuego crepitante. De repente, una llamarada
subterránea le obligó a retornar a la superficie, no sin antes llevarse consigo
una llama.
La explosión a la que se vio sometido lo elevó tanto, que
creyó que había encontrado la solución a su problema y volvería de ese modo al
espacio interestelar. Nada más lejos de la realidad. Una fuerte ráfaga de
viento lo detuvo, llevándolo de vuelta a la superficie. El aire era húmedo y
caliente, por lo que decidió recogerlo para su colección.
Súbitamente fue a estrellarse contra el suelo, dejando su aura muy debilitada. Su ser se apagaba lentamente. Aquel terreno seco y frío
no ayudaba a su recuperación, pero haciendo un esfuerzo almacenó una muestra de
la tierra en la que se encontraba y fundió los cuatro elementos encontrados
como última opción, deseando que ello supusiera su salvación.
Lo que ocurrió a continuación fue una explosión espectral
que dio como resultado el nacimiento de una estrella denominada como Sol, muchos milenios
después.
Artículo reeditado: Originalmente publicado el 18 de Octubre de 2012.
Artículo reeditado: Originalmente publicado el 18 de Octubre de 2012.



















