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22 de abril de 2014

Movilidad Exterior



"MOVILIDAD EXTERIOR"

Tenía un calor sofocante. Después de la brisa suave, sí, esa que susurraba que no existía crisis, comencé mi nueva aventura; habilitada exclusivamente con mi corazón y mis palabras me dirigí al infierno, a la búsqueda.

He pasado por muchos desiertos: el de Arches en el estado de Utah; en Sudáfrica tuve que lidiar con el desierto de Richterveld y sin olvidar las movedizas dunas de Ihhan Ubari en Libia. Las engañosas arenas blancas de Nuevo México tampoco pudieron conmigo, y con Indiana estuve perdida en sus brazos varios días en el de Dash-e Lut en Irán. Lo reconozco, nada como el que estaba atravesando, el más duro, el más ruinoso, el más engañoso; algunos amigos intentaban ayudarme a llegar al oasis esplendoroso del que tanto había oído hablar.

Después de varios días de marcha opté, como siempre suelo hacer, por evadirme del grupo, buscar la soledad y con ella el tan añorado oasis.

Nunca sé de dónde vengo o dónde terminaré la próxima noche, pero esta vez era distinto. Estaba de moda Spañistán y yo siempre he tenido un especial enlace con esa tierra histórica e inundada de generaciones aventureras y forjadoras de sueños. Mis padres me contaron que vivieron allí y también que yo llevaba sangre tartéssica en mis venas.

Dejémoslo, no quiero caer en la sensiblería de Madonna. Buscaba a los chicos jóvenes, miles, que habían tenido que emigrar al oasis de la esperanza, al oasis de la nueva vida porque al parecer su país había quedado desierto de ilusiones, de amanecer, de vida.

Calor, mucho calor y sobre todo dolor, mucho dolor de la perdida y de la búsqueda.

Por fin, avisté el oasis de las promesas. Conforme me fui acercando pude comprobar que no existía un solo palmeral y que el refugio de remanso que yo esperaba era más bien grandes infiernos, donde mis aventureros emigrantes, se habían convertido en lacayos de otros pueblos.

Abogados en Deutschland, biólogos en England, médicos en la France, economistas en Holland, maestros en Schwyz..., y así otros muchos que intentaban latir y vivir fuera de su tierra. Pena, sentí una enorme pena. Tristeza como nunca antes había sentido.

Reconocí a futuros investigadores, a chicos y chicas con alta cualificación profesional, con especial sensibilidad y exquisita jovialidad. La mayoría subsistían como podían; contratos de prácticas, horarios nocturnos, trabajos de cualquier gama y salarios que no les permitían contemplar el futuro con optimismo.

- Nos han abandonado.

- No tenemos posibilidades en nuestro país.

- Aquí al menos podemos seguir.

- No podemos continuar siendo una carga para nuestras familias…

Tristeza, mucha tristeza. Rebeldía, indignación y sobre todo una palabra que no existe en mi particular diccionario, resignación, mucha resignación.

Malditos vosotros, imbéciles y mangantes. Malditos vosotros, los que habéis arruinado una generación de mujeres y hombres que debían y podían haber tenido opciones de trabajo y felicidad en su país.

Os maldigo políticos, corruptos, sindicalistas, tramposos, mafiosos, capitalistas sin escrúpulos y os maldigo a vosotros gobernantes del mundo “libre”, de la locomotora, del imperialismo, de la ambición sin límites. Creáis paraísos artificiales para los hombres y mujeres de los países que se encuentran en la cresta de la crisis que habéis creado para el beneficio del capital liberal, es decir vosotros.

Con lágrimas en los ojos me marché de los oasis desiertos donde se encontraban mis compatriotas, no sin antes prometerles que a partir de este momento emprendería una cruzada que no finalizaría hasta que todos volvieran a casa.

Cuidado, tened mucho cuidado, mis Bakes y yo vamos a estar, ahora y después. Todos buscaremos un futuro para ellos, sin descanso, sin fisuras, sin miedo.

Según me ha cableado Bond el calendario de esos impresentables recoge muy pronto, en la piel de toro, elecciones…

PD: A los dóciles que lean este escrito les doy la oportunidad gratuita de ingresarse en el hospital de mi amigo y antiguo masajista André Breton. Con varias sesiones habrán recuperado la capacidad de elegir libre y responsablemente.

9 de enero de 2014

Operación "Spañistan"

Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen era mejor piloto que amante y nuestra separación  estaba anunciada por sus ideas cavernícolas sobre la raza aria; nos batimos en el cielo de Niza y debo reconocer que el Barón Rojo con su biplano Albatros le dio toda una lección a mi pequeño Fokker de bolsillo.
Con mi paracaídas color arco iris me posé cerca de las Ardenas y aún no había puesto los pies en el césped cuando lo vi. ¡Allí estaba! Como siempre que me encontraba en un conflicto, mi Bond, James  Bond, el que nunca muere, ni tan siquiera en mi corazón.

-          ¡¡Felicidades James!!
Le dije mientras le entregaba su regalo por su cincuenta cumpleaños.
Como un niño nervioso lo desenvolvió y su cara de asombro me mostraba que no había errado.
-          ¿Cómo has conseguido mi Mrya (sueño)?
Me dijo mientras tocaba suavemente la pistola Walther P5 que le había prometido.
-          Cariño, para ti siempre lo mejor.
Nuestro encuentro fue apasionado y amatorio; rodamos por la hierba cuajada de amapolas y por primera vez intercambiamos los papeles; él me dio licencia para matarlo a besos y yo le dejé emplear su pistola en mi cuerpo tantas veces como le vino en gana.
James, como buen inglés, tenía el picnic preparado; había pasado la hora del té y nos decidimos por sus fantásticos dry Martinis para reponer fuerzas. Al final repetimos… de todo.
-          James, cielo, tengo un problema.
-          Lo que necesites, pequeña.
-          James, no me gusta que me disminuyas.
-          Disculpa mi querida Mata Hari.
-          Necesito que realices una misión en Hispania. Conoces bien el terreno, estuviste  en Cádiz solucionando la misión del “Dr. No” o en “Diamantes para la Eternidad”.
-          ¿De qué se trata?
Me dijo mirándome con sus ojos verdes mientras me ofrecía un nuevo Dry Martini, en su justo punto, agitado, pero no revuelto.
-      Quiero que impartas un curso de inglés a los políticos españoles y otro de defensa personal a la policía española que se ve acosada últimamente por manifestantes de extrema izquierda.
-          Dalo por hecho.
-          James, tesoro… otra pequeña cosita…
 Tatareaba la canción que tanto me gustaba “Sólo se vive dos veces” de Nancy Sinatra y John Bari.
-          Lo que necesites muñeca.
-          ¡James!
-          Disculpa mi amor, soy todo oídos.
-          James, intenta también que Mariano, creo que es el nombre del presidente de ese país, deje de marcarse pasos de tango con Rosa Klebb ya que ella está imponiendo la política económica del país.
-          Mi amor, Rosa era agente secreta de Spectra y en la misión “Desde Rusia con amor” fue liquidada.
-      James, qué inocente eres. Este tipo de mujeres tan poco femeninas siguen reencarnándose de forma constante y ahora se hace llamar Angela Merkel.
-          ¿Tienes prueba de que bailan juntos?
-          Cuarenta y siete millones de pruebas, James.
-          ¿Cómo deseas que denominemos esta misión?
-          ¿Qué te parece Operación “Spañistan”?
-          ¿Otro Dry Martini?
-          No, gracias querido, nos vemos.

Él se marchó en su Aston Martin DB5 del 63 para pasar unos días en “Casino Royale” y yo en mi pequeño deportivo BMW 28 con dirección al aeropuerto para volar a mi próximo destino en Jamaica y encontrarme allí con Ian Fleming.
Las perspectivas eran muy positivas, como padre de Bond esperaba que tuviera cualidades amatorias superiores a todas sus creaciones de 007. También después de cincuenta años estaría en la madurez que siempre me ha gustado en los hombres.
Me sentía alegre y si todo salía de acuerdo a mis planes le pediría en el lecho una promesa que no podría negarme, la próxima novela se titularía “Las Seis Joyas de los Espíritus de Haddock”.


Artículo reeditado: Originalmente publicado el 16 de Octubre de 2012.

30 de diciembre de 2013

Jumbo

Después de peligrosas aventuras, mi cuerpo necesita del descanso de la guerrera y mi espíritu la paz de la sabana del África Austral que según me dijo un antropólogo, que perdió la virginidad con vuestra servidora, fue la cuna de la humanidad.
Acepté encantada la invitación de un amigo que algunos llaman Tarzán de los monos (cursilada), y que los pueblos de Kavango y Shoto lo prefieren llamar Horkarwon (superdotado).
Ya conocía la República de Botswana o Botsuana para los latinos, por una misión que tuve que realizar junto a Simón Templar (El Santo), en busca de un microchip que la tribu de Khoisan guardaba celosamente en el cuerno de un rinoceronte. Indudablemente, la KGB y la CIA se quedaron a dos palmos de conseguirlo y nuestro dúo triunfó en todos los aspectos, imaginaros el Santo y la Bara.
Como os decía, fueron días de sosiego paseando en un mokoro por el delta de Okavango, una de las últimas zonas vírgenes (¡cuánto tiempo hace que perdí la mía!) del planeta. Navegábamos entre papiros y nenúfares, cambiamos los cócteles por zumos de coco, la piña, la papaya o el mango. Bailábamos las danzas típicas como Tsabana o la Tsala. 
Mi amante amigo hablaba poco durante el día y por la noche se aprovechaba de mi debilidad por el sexo para lamerme todo el cuerpo con su lengua de pitón y su agilidad de felino la ponía de manifiesto en la penetración continua.
Pasaban los días en un remanso de tranquilidad y sosiego hasta que en fechas recientes nos vimos sorprendidos por gritos frenéticos que provenían de animales que huían despavoridos. Investigamos y pudimos comprobar la clásica cacería de occidentales retrógrados que emulando a sus ancestros colonialistas estaban pasando el día, viviendo para matar y matando para poder ser felices.
De inmediato me percaté que mi elefante favorito, Jumbo, estaba en la línea de tiro de un señor disfrazado de monarca del siglo XIX. Con las clases de mi mono particular, de un salto me puse en la línea de tiro del papanatas que tenía intención de abatir a Jumbo por 37.000 euros, regalo de un jeque siriaco. En el forcejeo y sin necesidad de emplearme a fondo lo empujé a un barranco de 10 centímetros dejándolo fuera de combate. Mi amigo y yo pusimos rápidamente pies en polvorosa.
Algunos días después, en la prensa internacional que diariamente nos llevaba nuestra camarera y amiga Chita, nos informamos que el monarca de origen francés había sido operado por la caída que le había producido una terrorista multiorgásmica.
Después de lo ocurrido y para que mi Johnny Weissmüller no dejara sus lianas opté por marcharme, no sin antes, a través de los tambores de mis amigos del pueblo de Tswana, mandarle un mensaje cifrado a mi querido amigo el elefante Jumbo: Tan Tan (lo siento mucho), Tan Tan Tan (él se ha equivocado), Tan Tan Tan Tan (no dejaré que vuelva a ocurrir).
Pasé Por Namibia, Sudáfrica y Zimbabue, me pisaban los talones toda la crisis que apoyaban al borbón: banqueros, clero, políticos y otras especies no autóctonas.
Me he refugiado en la Corte de Arturo de Camelot, hijo del rey Uther Pedragon de origen normando y de la reina Gorlois de Comualles de origen celta, concretamente en casa de Merlín, esperando que me haga efecto la poción mágica que estoy tomando, ya que para huir de mis captores tuve que transformarme en una golondrina multicolor.
Espero no tener problemas con Morgana.

Artículo reeditado: Originalmente publicado el 02 de Mayo de 2012.