
Hoy ante la adversidad, desasosiego, dudas y demás influencias negativas que la vida nos regala, quise respirar un poco de aire nuevo que distrajera a mi mente y la mantuviera fuera de los problemas que la rodean.
Monté en mi coche y me dirigí sin rumbo fijo a ninguna lugar, dispuesto a entregarme a la naturaleza o a cualquiera que pudiera tolerar mi compañía por algún momento.
Durante el tiempo de conducción, me fijé en alguien que esperaba el autobús, y me atreví a preguntar si deseaba que la llevara, y como el destino era el mismo, asintió manifestando que tenía mucha prisa.
La dirección que llevábamos era la de una localidad costera cercana y muy bonita, y mientras que duró el trayecto, fue suficiente para quedar después de que terminara el trabajo a donde iba.
Era una chica, muy atractiva, madre soltera que viajó desde su país para intentar conseguir trabajo y sacar a su hija adelante, toda una vida llena de problemas que tuvimos que dejar para después del trabajo, porque llegamos al destino.
Mientras, las olas invadían la arena de la playa con una cadencia triste, o por lo menos yo lo veía así, descalcé mis pies, remangué los pantalones y me adentré en el mar notando el frescor del agua y aunque fría, daba gusto pasear de esa forma sin tener nada mas en mi mente, pero mirando el reloj, para controlar el no llegar tarde a la cita con aquella chica.
El sol se estaba escondiendo tras el horizonte, el ocaso desde aquel lugar es maravilloso, dando tiempo a la terminación del trabajo de alguien que quería compartir ese momento conmigo y yo con ella, que parecía como si se hubieran ralentizado las inquietudes que padecía.
El brillo de la luna hizo su aparición cuando después de tomar café nos fuimos a la playa, una luna que ayudaba a hermosear aún mas la cara de una mujer encantadora a la que las vicisitudes de la vida la marcaron en su país, y en este donde se encuentra ahora, vive que ya es mucho e intenta ahorrar para que no le falte nada a la hija que tiene en el lugar de donde proviene.
Se dedicó bastante tiempo a contarme su vida, sus problemas, sus penas, y llorando imploraba a la vida ayuda para seguir viviendo, y que su hija vuelva a estar con ella lo antes posible.
De forma inmediata se me quitaron mis pesares, no se porque regla de tres desaparecieron y me sentí obligado a por lo menos intentar ayudar a esa persona, que muy, muy lejos de su tierra y buscando trabajo para dar de comer a su hija, vaga en manos de la fortuna.
Hoy en día tiene un trabajo, perdón, varios trabajos, donde la incentivación siendo mínima, reune lo suficiente para poder vivir como una persona digna, mis problemas siguen, pero al compartirlos, se desvanecen, somos amigos, compartimos algo mas que la mera compañía, tuve la suerte de conocer a su hija cuando la trajo en vacaciones, es un cielo, precisosa como su madre,
Yo soy feliz por todo ello, y ella mas.
Artículo reeditado: Originalmente publicado el 21 de Febrero de 2011.
Artículo reeditado: Originalmente publicado el 21 de Febrero de 2011.






