Placer es recorrer la Habana, su casco antiguo y colonial. Sueño despierto que paseo por la Plaza de Armas, La Catedral, El Palacio de la Artesanía, para visitar después el Museo de Historia Natural; recalo para reponer fuerza en la cafetería La Mina y emulando a Ernest Hemingway dirijo mis pasos para tomar un mojito en la Bodeguita del Medio y quizás para rematar mis ansias de estar en todo lugar ¿Por qué no? Un daiquirí como sólo lo saben hacer en el Floridita.
Cuba es la joya de mi corona sentimental y la Habana es Cádiz con “más negritos” o Tenerife “con igual salero”. Y Cuba también es Antonio Lugo Machín, el gran Antonio Machín, de sangre cubana y española, sangre de un rojo intenso, como la añorada Bake Bara un día nos describió.
Machín pertenecía a una humilde familia de 15 hermanos, nacido en la bella localidad de Sagua La Grande, alternaba su trabajo de albañil con el canto en las iglesias y los teatros.
Llega a la Habana en 1926 y acompañado del guitarrista Manuel Zaballa se inicia como solista en los cafetines de la época. Su primer logro importante llega cuando actúa en el Casino Nacional de La Habana, lugar de la burguesía más racista y excluyente, es el primer cantante negro que lo consigue.
Su periplo le conduce a Nueva York con la orquesta de Don Arpiazu y posteriormente a España donde vivirá hasta su fallecimiento en 1977.
Oswaldo Farrés (Quizás, quizás, quizás) y la mexicana Consuelo Velázquez (Bésame mucho), fueron dos de los compositores que marcaron su carrera profesional.
Machín impuso su carácter personal al bolero y llegó a entrar en el refranero popular “Te mueves más que las maracas de Machín”.
Canciones de siempre: Aquellos Ojos Verdes; Dos Gardenias; Angelitos Negros; El Manisero…
Machín es Cuba, Cuba es España y el mejor representante de la mezcla y la canción cubana es mi “hermano” Evelio, trompetista de profesión y amante de la vida por vocación. Tiene como todos los cubanos el ritmo a flor de piel y una suavidad en su forma de ser que se llama distinción. A Evelio le gusta, es seguidor de las canciones y ritmos de Antonio Machín.
En el video que adjunto podemos ver a Evelio con su trompeta y acompañado de un grupo cubano que interpretan una pequeña recopilación de algunas canciones de Antonio Machín.
De la mujer cubana hoy no voy a comentar nada, en la mezcla está la pureza, de eso sabe mucho el amigo Evelio.
Cuba y su falta de libertad, tampoco voy hoy a comentar. Me siento feliz recordando mis visitas a la Reina del Caribe acompañado de mi pequeñita e inseparable musa, paseando por sus calles, hablando con su gente y conviviendo con personas como Evelio que en segundos te entregan su corazón, no por un peso, sino por estar contigo en el majestuoso Malecón de la Habana: “hermano, no tenemos mucha comida pero seguro que siempre nos queda un poco de ron, del mejor”.


