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11 de agosto de 2014

Abuela


Maravillosa y encantadora persona, abuela y madre. Hoy estamos con su nieto Manuel, hijo de Purificación, con la cual hemos recordado lo grandiosa que era mi abuela.

En ella destacamos la personalidad que tenía, la felicidad; porque siempre tenía una sonrisa en la cara para todas las personas; y también destacamos la elegancia; porque siempre iba a los sitios vestida con los mejores ropa del universo. Tu mirada era como dos ángeles que se iluminaban y tus manos eran dos algodones de suave.

La vida te da muchos palos, y este ha sido uno de los palos mas grande que me ha dado la vida; porque me ha enseñado que cuando se muere una abuela, se muere una parte del corazón. Hoy te quiero agradecer los buenos momentos que he vivido contigo, las risas que nos hemos pegado los dos, las noches de veranos que nos hemos pasado contigo, las navidades tan bonitas que hemos hecho durante todo estos años. Gracias abuela por haberme hecho feliz durante 19 años. 

Desearía haberte visto otros veinte años mas; pero Dios ha querido llevarte para siempre al lado de mi abuelo Luis. Fuiste mi abuela, mi madre, mi fiel amiga, mi confidente, lo fuiste todo para mi, por eso siempre te recordaré y te llevaré en mi corazón. 

Recuerdo cuando me llamabas a mi casa para preguntarme si iba a tu casa, o para preguntarme como me iba con los estudios, o si quería irme a comer a tu casa. Abuela, a todos lados iba contigo por eso te veo en cada sitio que voy y te recuerdo día a día. 

Tengo mucho que decirte y se me quedan muchas palabras en el tintero pero solo una quisiera que se hiciera realidad, que tu volvieras a mi lado, pero sé que eso no puede ser, por eso te digo:

TE QUIERO MUCHO ABUELA. 

Tu nieto Manuel.


Nuestro Seguidor Manuel Polo, nos remite por e-mail esta Colaboración: Foto, Artículo y Vídeo. Muchas gracias Manuel por compartir con todos nosotros tus sentimientos hacia tu abuela, seguro que ella te sigue cuidando desde donde esté y se siente muy orgullosa de ti. GRACIAS.

4 de junio de 2013

Mi abuelo y yo

Sindicalista sin cobranza, un trabajador de la masa, del grupo. Destacaba por su vozarrón pero en el fondo era un niño grande. Crítico, pero luchador nato. Nunca fue comprado.
Hoy estamos con su nieta María, hija de Luisa, con la cual hemos recordado la personalidad de Luis, su talante, tanto humano como profesional; a ella se le salta alguna que otra lágrima y a nosotros se nos acongoja el corazón.
Hace ya varios años, no pudimos ni podemos comprender alguna razón para que la parca te llamara con 63 inviernos, y decimos invierno porque tu barba era de Papa Noel, el que siempre nos sorprendía con el último y más curioso discurso.
Tu mirada se convertía en hielo hacia el empresario cuando defendías a los que tú, cariñosamente, llamabas la masa obrera y entre la cual siempre te incluías. Eran otros tiempos, donde tú trabajabas y no estabas liberado. Hoy, Luis, todo ha cambiado, los pillastres son todos unos gorrinos.
A veces la vida te gasta bromas pesadas y tú como que no lo aguantabas; eras serio, adusto, pero tu sonrisa irónica, mitad asamblearia, mitad sindicalista de clase, no pasaba desapercibida.
Recordamos las charlas interminables y tu carpeta azul, siempre tu carpeta azul, fiel compañera debajo de tu brazo, de donde sacabas cualquier documento que hiciera falta, era como un baúl mágico y sin fondo.
Tus ojos marrones tenían el brillo de la lucha constante. Gracias a ella conseguimos logros que hoy otros se están encargando de hacerlos desaparecer.
Mucho conseguiste para los que nos quedamos y tu herencia está a nuestro lado. Ahora nos explicamos que en ti no recayera toda la belleza, sí, la dejaste para tu nieta María, tu preferida, que hoy te quiere dedicar con nosotros este sencillo y sincero homenaje. Ha llorado un poco recordándote, pero presentimos que también ha heredado un corazón bueno y fuerte como era el tuyo. A veces la unión de lo fuerte y lo bello es la mejor alianza.
Nunca olvidaremos tus frases: "El miedo es un montón muy grande, que cada uno coja lo que quiera" "Te pareces a Pepe el rápido, que sacaba un córner y lo remataba de cabeza" "La asamblea es soberana" "El mejor sindicalismo es el de uno mismo".
Te perdonamos que te fueras sin avisar, pero hoy tu nieta nos ha recordado al cowboy bajito y que ella lleva siempre guardado en su bolso y en su corazón.


12 de marzo de 2013

Me quedé sin abuelas



Esta semana ha sido un poco especial, he recibido la noticia de que la única abuela que tenía con vida, había fallecido.
Creo que como todos los nietos, mientras la familia vivía mas o menos cerca, la relación entre todos los componentes de la misma, se hace mas estrecha y cuando por necesidades nos alejamos, ese vínculo debería permanecer siempre, como aquí ocurre.
Falleció cuando tenía ciento un años, feliz, junto a los suyos, los que la querían, los que a la hora de llevar su cuerpo a la tumba recordaban historias de épocas en las que ella dominaba su mente, mantenía unida y sana a la familia, y disfrutaban con anécdotas, manifestando felicidad en sus rostros porque la abuela se fue sin dolor alguno, sin quejas, en silencio, como cada mañana que se levantaba y antes de llamarnos para ir al colegio,  preparando el desayuno para todos.
También al como preparaba la casa y la comida para sus hijos, y cuando junto a ella llegábamos todos, su cara escamondá, su pelo repeinado y la piel de sus manos pura seda, sin duda una mujer fuerte, no quería que nadie se quedara sin comer, todos teníamos que hartarnos, y se le caía la baba con  cada mirada de los mas pequeños, a los que le solicitaba besos y a los que agasajaba con un cariño muy especial.
Natural de la zona minera de esta provincia, con seis hijos que a su vez le dieron nietos por doquier, dado que algunos se alejaron de la provincia y se establecieron en otras, tanto cercanas como Cádiz, como lejanas como A Coruña o Madrid, pero todos centran al unísono la alegría y el poder estar con la abuela en cualquier momento, celebrando el que estemos juntos una vez mas con y por la abuela.
¿Manifestar alegría por la perdida?, si, bueno entre comillas, sin duda alguna las lágrimas se muestran en las mejillas de cada familiar, como quiera que no, era madre, abuela, bisabuela y tatarabuela de los que allí estábamos, algunos con mas y otros con menos roce, pero después de ciento un años, su cuerpo desgastado pedía un descanso a voces, y nosotros asentíamos con pena y cariño la decisión de la naturaleza.
Su nombre Lucía, para mi tiene un significado singular, en aquel pequeño pueblo donde vivía, había una luz que además de brillar daba un calor entrañable, y aún cuando volvamos al pueblo sin estar ella, no percibiremos la luz, pero sentiremos su calor como si estuviera junto a nosotros.
Adiós abuela. 

11 de febrero de 2012

Mi abuelo (Reedición de Colaboraciones)


Mi abuelo se llamaba Iván, un hombre al que yo quería como si fuese mi padre. Desde que yo tenía 5 añitos, me quede a vivir con mis abuelos y claro me criaron durante muchísimo tiempo.
Prácticamente todos mis recuerdos son con mis abuelos. Mi abuelo y yo éramos muy buenos amigos, era un hombre inteligente, me contaba muchas historias, cuando le preguntaba algo, siempre me respondía con su gran inteligencia.
Recuerdo que nos poníamos en nuestra casita de campo, en el banco de siempre, a observar a nuestros gatos, y me contaba todo lo que sabía. Por la noche nos sentábamos a tomar el té y veíamos como venían los erizos a comerse la comida del gato y nos reíamos de ellos, me sentía tan cómoda con él.
También me enseñó a jugar a las cartas, mi primo y yo, nos poníamos a jugar siempre con él, jugábamos todo el día hasta que anochecía. Me gustaba mucho el campo, por que me enseñaba muchas cosas y me mostraba lo inteligente que podía llegar a ser.
En el momento en que me fui, no lloro, pero mi abuela me llamó y me dijo que estaba sufriendo, porque me echaba mucho de menos, eso, me ponía muy triste. A veces, cuando me iba al colegio, me decía que mirara a la ventana y le dijera adiós con la mano, un día, se puso en la ventana y vio a una niña pasando con un gorro igual que el mio, se puso muy triste, mi abuela al contármelo no pudo contenerse, yo tampoco.
Pasaron meses, mi abuelo se murió. Yo no lo podía creer porque fue algo inesperado, había hablado hace 2 días con él por teléfono y se mostraba feliz, mi madre se echó a llorar y yo sin creerlo, no pude llorar.
Aún hoy, sueño con mi abuelo, siempre me dice algo, me pregunta si quiero irme con él, yo siempre me voy corriendo.
Al recordar todos los momentos con él, me pongo feliz, porque todos fueron felices y creo que el tiempo que pasé a su lado, mereció la pena.

Remitido por la seguidora: Natalia Jackson
Muchas gracias por tu sentido Artículo

8 de abril de 2011

Ingenioso

En muchas ocasiones, el sentido de la observación, la curiosidad o la desesperación, posibilitan que llegue a la culminación de un nuevo descubrimiento.

Os cuento algunas anécdotas que le ocurrieron a uno de mis abuelos.

Este hombre era muy observador, vivía de una pequeña pensión; tenía una huerta y al mismo tiempo era concejal. En cierta ocasión empezó a notarse grandes picores por la región anal. Mi abuela le puso boca abajo y descubrió que estaba lleno de lombrices.

Ella, con los arreos que tenía, se quitó una horquilla del pelo y comenzó a quitarle lombrices, acabando la sesión embadurnándole con aceite de oliva virgen. Esta operación la repetía día tras día.

Mi abuelo veía que aquello no era la solución, se rascaba más que un mono, llegó el momento en que el bidón de 5 litros de aceite se acabó y las lombrices habían engordado.

Desesperado y con el culo más colorao que las partes nobles de un doberman, probó la siguiente solución:

Cogió un besugo de un ojo; lo hartó de rábanos picantes los más dulzones se los habían comido los topos de cuatro patas); le dio una manita de cal y le puso en la cabeza una palada de manteca colorá, repartiéndola uniformemente con un papel de estraza. Se lo metió por el culo; los ojos se le pusieron en blanco, en ese momento creyó ser Yuri Gagarín, el hombre que más cerca vio las estrellas.

Pasados unos minutos, se le quitaron los picores, unas décimas de fiebre que tenía, desaparecieron. Sin darse cuenta, había inventado el supositorio momentol.: Que si tiene fiebre; momentol. Que si le duele la cabeza; momentol. Que si tiene fatiga, momentol. Que si tiene “Almorranas”; momentol. Que si tiene andaja ¿Y eso qué es?... pelillos por la raja; momentol. Remedio infalible.

Eso sí, cuando mi abuelo se pegó el primer cuesco, hizo un boquete en los calzoncillos y el pantalón, como si un proyectil de bazooka los hubiera atravesado.


Como simple anécdota, cuando iba solo al Ayuntamiento, utilizaba el patinete o caminando; cuando iban dos, la bicicleta y cuando iban tres, un burro, colocando al que quincaba menos en el tercer lugar (si comparamos con los de ahora, van en manada, como los ñu, y en lujosos coches oficiales).


Otra anécdota que le ocurrió, fue la siguiente:

Él estaba quebrao; tenía mucha potra, por ese motivo usaba braguero. Pensó: ¿Y si me pongo a embragar a todas las gallinas del corral?. ¡Manos a la obra!; Aquella faena resultaba imposible, entonces le dio la vuelta a la tortilla y embragó los huevos que ponían las gallinas. Los colocó bien ordenados. Sin darse cuenta había inventado el cartón de huevos.


Por no extenderme demasiado, paso a relatar otra de sus anécdotas:

Una vez preparó un rebujo majado de semillas de gramíneas silvestres con 2 cabezas de ajo, añadió 2 caballas, un tonino, 2 palometas, un kilo de sardinas lachas y medio kilo de boquerones; todo desmenuzado y majado. Se tomó una cucharada sopera del amasijo obtenido; se desplomó de forma inmediata.

El médico, después de ver los análisis, le diagnosticó que los niveles de colesterol, habían caído por los suelos. Había encontrado un remedio anticolesterolémico.

A partir de ese momento, muy cauto él, acompañaba los cucharones con un kilo de chicharrones, para equilibrar.


Como decía Lázaro (el de Tormes), el hambre, la necesidad o la desesperación, agudizan el ingenio.

24 de noviembre de 2010

Auto Admiración

Un joven chaval fue a pasar unos días a casa de sus abuelos.
Un día veía el abuelo que Jacinto, su nieto, tardaba mucho tiempo en el cuarto de aseo; se acercó, y por la puerta entreabierta observa que Jacinto estaba clavado ante el espejo, cambiándose continuamente su tipo de peinado; no dejaba de mirarse.
Le comenta el abuelo: “Jacinto cuando termines te voy a contar una historia que pasó hace mucho tiempo”.
Jacinto – Ya abuelo
Abuelo - En la antigüedad, una ninfa llamada Liríope, tuvo un hijo precioso, bellísimo, lo más bello jamás conocido, le llamó Narciso.
Cuando nació Narciso, el adivino Tiresias, predijo que si veía su imagen, sería su perdición.
Jacinto – Abuelo, entonces… ¿Nunca se miró en un espejo?, pues no se conocería.
Abuelo – Su madre, para evitar la desgracia, evitó siempre espejos y demás objetos en los que pudiera verse reflejado. Creció hermosísimo sin ser consciente de ello.
Todas las ninfas y efebos se enamoraban de él, pero hacía caso omiso.
Jacinto - ¿Qué son efebos?
Abuelo – Los efebos eran hombres jóvenes, bellos y bien esculturados, continúo… Narciso, paseando con sus pensamientos, encontró una ruta que le gustó mucho, repitiéndola varias veces. En esta ruta, había una cueva cercana a un riachuelo, donde vivía una ninfa llamada Eco.
Eco tenía un problema; no podía hablar, sólo repetir el final de las frases que escuchaba.
Jacinto - ¿Por qué?
Abuelo – Porque Hera, esposa del gran Zeus, la condenó, debido a la connivencia con su marido en unos “asuntos extraconyugales”.
Pero no perdamos el hilo… Cuando Eco vio a Narciso quedó prendada, se enamoró locamente de él.
Le seguía sin ser vista, hasta que un día Narciso se dio cuenta y le tendió una trampa y la descubrió; Eco palideció y luego enrojeció de vergüenza.
Eco no podía decir lo que quería; no podía expresar el amor que sentía por él.
Narciso, se reía de ella al mismo tiempo que, Eco, se retiraba a su cueva repitiendo lo último que había oído: “Que estúpida… que estúpida… qué… estú… pida”. En esa cueva se consumió de pena, tan quieta que llegó a convertirse en parte de la propia piedra de la cueva y solo quedó su voz.
Jacinto – Continúa abuelo, es una historia muy interesante
Abuelo – Todo esto lo había observado la diosa Némesis, diosa de la venganza, que en castigo le hizo desfallecer de sed, Narciso recordó el riachuelo que había en las inmediaciones; sediento, se encaminó hacia él. Así, a punto de beber, vio su imagen reflejada en el río, quedó absolutamente cegado por su propia belleza, enamorándose de su propia imagen; quiso reunirse con ella y murió ahogado tras lanzarse al agua.
Jacinto - ¡Qué final más triste abuelo!
Abuelo – Además, en el lugar de su muerte, surgió una nueva flor a la que se le dio su nombre. El narciso es una flor que crece sobre las aguas de los ríos, reflejándose siempre en ellos. Su hábitat natural suele ser la zona mediterránea y Asia. Su floración se produce habitualmente en primavera; tiene varios pétalos planos y la corola en forma de campana.
Jacinto – Una historia muy bonita y triste al mismo tiempo.
Abuelo – En memoria de Narciso, existe un calificativo para aquellas personas que se miran mucho en el espejo: narcisista.
Todos tenemos algo de narcisistas, unos más que otros, independientemente de la edad que se tenga.
Jacinto – Abuelo, ¿Cómo sabes tú de tantas cosas?
Abuelo – Cualquier persona que desde pequeño lee sobre cualquier tema, va adquiriendo unos conocimientos generales, si a eso le unimos la experiencia que te va dando la vida…
Yo he dedicado más tiempo a leer que a mirarme en el espejo y no te olvides que hay un refrán muy antiguo que dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Jacinto - ¿Me hablarás otro día del jacinto?
Abuelo – Otro día te hablaré del jacinto, Jacinto.

6 de febrero de 2010

El Abuelo Iván

En la aldea de los Espiritus de Bake me contaron una historia que hoy quiero compartir. Me la susurró Lara, protagonista de la novela "Doctor Zhivago", escrita por Boris Pasternak (Premio Nobel de Literatura 1958), que constituye ya un clásico de la filmoteca internacional.
El abuelo Iván nació en un pueblo de la antigua URSS; prototipo de hombre ruso, alto, rubio, ojos claros y piel curtida en mil batallas, nunca mejor dicho. Pertenecía a una clase humilde y desde bien joven tuvo que aligerar sus pies para convertirse en un hombre polifacético: agricultor, mecánico y pescador. Él era poco hablador, lo necesario; la excepción la constituía alguna ocasión especial cuando el vodka corría y la mirada socarrona de Iván transpasaba las barreras de la timidez, con ese aire de campesino intelectual que todos respetaban y admiraban. Cuando existía un problema todos sus convecinos consultaban con el experimentado Iván.
El abuelo Iván participó en tres guerras, la Guerra Ruso-Japonesa, conflicto surgido de las ambiciones imperialistas rivales de la Rusia Imperial y el Japón en Manchuria y Corea. La Guerra de Invierno (en finés talvisota, en ruso Зимняя война, en sueco vinterkriget), que estalló cuando la Unión Soviética atacó Finlandia el 30 de noviembre de 1939 y por último en 1945 cuando comenzó la nueva ofensiva contra Alemania.
Entre guerra y guerra, balas y heridas Iván fue viviendo con su esposa Anastasia, los hijos y las amantes. En este punto reflexiono, por coincidencia de la historia Iván IV Vasílievich (ruso: Иван IV Васильевич), llamado Iván el Terrible zar de Rusia (1547-1584) y considerado uno de los creadores del estado ruso también se casó con una mujer llamada Anastasia y también tuvo múltiples amantes.
Continuemos, una de las heridas que recibió fue en un testículo y a pesar de que decían que era esteril tuvo posteriormente cuatro hijos. También me llamó la atención de esta historia, el amante que su mujer Anastasia tuvo en ausencia de su marido mientras combatía en una de las guerras. Dicen, los recuerdos de su nieta, que posiblemente se malogró un hijo de este amor apasionado y que rivalizaba con el que Iván siempre tuvo por una profesora de matemáticas que era la amante oficial y aceptada por la pareja. Todos lo sabían y nadie lo comentaba.
Pasó el tiempo y con 97 años, tres guerras, una mujer, una amante, muchos hijos y múltiples nietos, el abuelo Ivan se aproximó a su final.
¡ Qué paradoja de la vida !, no fue Marte, el dios de la guerra, quién derribó a Iván, ni tan siquiera el fragor de un encuentro por la rivalidad de una mujer; fue como consecuencia de la caida de un árbol, concretamente un abedul, lo que terminó con su vida. Un fuerte viento, árbol gigantesco, la casa en peligro, el abuelo Iván que estaba en el lugar del destino y la pierna se quebró. Después, su corazón sin muchas estrindencias, sin prisas pero sin pausa, dijo adios.
Esta historia es una más, de un hombre que infundía respeto y confianza, trabajador y luchador de un tiempo que afortunadamente no nos ha tocado vivir. Sin embargo gracias a Iván que tuvo a su hijo Eujeni (Eugenio), casado con Lubon (Amor), la hija de estos y nieta de Ivan hoy ha sido la protagonista, una protagonista de una historia real que nos ha contado para recordar a su querido abuelo, ese hombre serio, alto, pulcro que le enseñó a pescar y que todos llamaban el abuelo Iván. No sé a vosotros pero a mí me ha hecho pasar una tarde genial.