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14 de enero de 2014

El Amor de Medianoche (2)


El crepúsculo culmina, mientras mi ansiedad se desborda. Se que vendrás esta madrugada, tal y como lo has hecho en anteriores madrugadas.
Como cada noche, tengo ganas de ti, de ser un día más tu elixir, un pedacito de ti. Deseo que entres sinuosamente por mi balcón, atravieses mi habitación, me despiertes, nos unamos y hagamos el amor.
Pasan los minutos y en ti sigo pensando, mientras mis párpados se van lentamente cerrando.
Pasaron un par de horas, un instante para mí, cuando se abrieron mis ojos y junto a mi cama te vi.
En medio de la absoluta oscuridad, un haz de luna me dejo contemplar la hermosura de tu blanca piel. Hermosa como la flor que nunca marchito, hermosa como la creación, hermosa como sólo tú puedes ser.
Tus ojos ardían, quemaban y emanaban como un rayo de sol a pleno día.
Sabes que me tienes. Provocas ese apetito insaciable, esa necesidad incontenible, sexual, lujuriosa, de entregarme, de poseerte.
Finalmente, te acercas a mí, sonriéndome, sin decir nada, para qué, si en ese momento no hacía falta.
Empecé a sentir tus manos acariciándome la espalda y me fui sumiendo en deseos locos, hasta entregarte todo mi cuerpo, mis sentidos y mi alma.
Mis labios descendían suavemente, donde más desea tu mente. Una inmensa pasión, tu placer aumenta y mi boca dulcemente te atormenta. Siento el fuego palpitante de tu cuerpo vibrante.
El tiempo se para y no existe momento más perfecto que el de estar bailando y vagando en tu cuerpo.
Sentía como entraba lentamente en tu cuerpo ardiente, buscando el éxtasis de un orgasmo completo. Siento el momento culminante y me apresuro a sentir ese instante, en un vaivén desenfrenado, con tu cuerpo caliente y mojado.
Es turbulencia…es frenesí…es deseo…es sentir…es un volcán en erupción…es el llanto del placer…es tristeza…es alegría…es el principio sin un fin…es estridente…es tuyo…es mío…cuan inmenso y fugaz.

Ha llegado el momento, mi vida se aferra a un amor que condena, pero no me importa si vivo junto a ti la condena. Quiero estar junto a ti, lo hemos hablado y estoy seguro de ello. Dejo mi vida atrás, para empezar otra lejos de aquí, una vida de eternidad, de sufrimiento, una vida junto a ti.

Empecé a sentir sus labios acariciar mi oído y deslizarse con facilidad entre mi cuello. La humedad de su boca entre el filo de sus colmillos estremeció mi cuerpo y dolorido me acomodé entre sus brazos, antes de morir en su lúgubre regazo, para después resucitar en sus rojos labios.
Ahora se que el anochecer no es lo único que me espera. Ahora entiendo por qué tu corazón es lo único que me obsesiona. He descubierto el fuego que escondes, ese que me quema y me atrapa por dentro.

Artículo reeditado: Originalmente publicado el 16 de Abril de 2010.

8 de enero de 2014

El Amor de Medianoche


Cuando se cierran tus párpados invadidos por el sueño, se despiertan mis ojos negros.
Me levanto de mi leño, con ganas de ti, hambrienta y sedienta.
Me deslizo entre las sombras, rompiendo la calma fría e inmutable de esta noche de luna llena.
Bajo la penumbra de la noche vuelo hacia mi presa, mientras se dibuja mi silueta con un haz de luna.
Entro por tu balcón, ese balcón que desde hace un tiempo, al acostarte, siempre dejas abierto y ahí estás tú, dormido, dejando que la brisa acaricie sutilmente tu pelo.
¿Cómo puede ser que sólo vivo de tu amor? ¿Cómo es posible que desde que el destino nos unió esa noche, no pueda dejar de pensar en ti? ¿Cómo una gota de ti se convierte en mi elixir?
Es tan grande mi deseo, tan inmensa mi locura que al mirarte me enloquezco.
En un instante te despiertas y al siguiente me encuentro en tu cama, besándote y desnudándote.
Siento el frío por mis venas, latiendo más y más rápido. Tu aroma me inquieta, tus ojos me ciegan al mirar y mi corazón muerto late acelerado en mi pecho.
Mi boca se pierde entre los orificios de tu cuerpo, mientras mi lengua humedece tu cálido pecho. Mi cuerpo sumergido en tus entrañas, mis pies enredados en tu cintura, tus gemidos revoloteando en mis oídos, yo en ti, tú en mí, unidos, penetrados, gozándonos en un éxtasis sensual hasta alcanzar a tocar con los dedos el cielo.
Después me abrazo a él, me aferro a su cintura, sabiendo que mi partida se aproxima, sabiendo que con el alba, de nuevo habré salido de su vida. Volveremos a estar separados, separados de nuevo.
Podríamos estar juntos, si me muestras tu cuello, dejando que mis colmillos rompan la piel que impide que tu sangre sea para mí. Tu vida será eterna, morirás cada mañana y renacerás al anochecer.
Pero yo no puedo hacerte eso, te amo demasiado para ello, convertiría tu vida en un tormento.
Sabes que duermo en un sueño profundo del cual no volveré a despertar. Evitando ser descubierta, buscando una identidad, viviendo eternamente en este silencio, ocultándome por siempre.
Por eso debo partir, porque a mi lado sólo obtendrás días vacíos y noches en vela.
¿Sería nuestro amor eterno? Como saberlo, si estás al otro lado del espejo.

Artículo reeditado: Originalmente publicado el 25 de Marzo de 2010.