Estoy hasta el moño de la crisis y de tanta hora extraordinaria.
Lo que ha de hacer una para llegar a fin de mes.
Todos los viernes noche, la misma escena. Veo a lo lejos, en la carretera, el autobús abarrotado de dulces ancianitos del INSERSO y espero a que esté a pocos metros de distancia para hacer mi aparición en la calzada. Visto de blanco y procuro que mi presencia sorprenda a todos. El conductor, al verme, intenta esquivarme y pocos metros más adelante detiene el autobús para que me suba. Yo pongo cara de visión espectral, porque, no contenta con serlo, ensayo mi expresión a diario, que esto de ser un espectro, y de cierta fama además, no es incompatible con un alto grado de profesionalidad.
A partir de aquí, todo ocurre como ya imagináis. Hablo con el conductor, que me pregunta por qué a esas horas de la noche camina una niña sola por una carretera desierta, y le cuento la consabida historia de mi leyenda: que sufrí un accidente de coche, en la curva siguiente, en el que perdí la vida, y que mi espíritu repite esto mismo desde entonces. El chófer y los ancianos flipan en colores sin dar crédito a lo que oyen. Yo, para enfatizar la escena, aparezco y desaparezco varias veces con la cara de espíritu ojeroso que mejor me sale. El autobús derrapa en la curva de rigor por la pérdida de atención del chófer, a causa de la impresión, y da varias vueltas de campana. La confusión final es terrible.
Y cuando todo ha terminado, incluidos conductor y ancianos que pasan a mejor vida, los comentarios son los de siempre: “oye, pues en esta otra vida no se está tan mal”; “mira la niña, qué maja, yo te hacía más fea y más flaca”; “pues, para tratarse del otro mundo, aquí hace mogollón de humedad, qué lata, pásame el chal, Rodolfo”; “¿aquí no dan ponche de bienvenida?”; “qué mala cara se te ha puesto, Virtudes...”.
Y esto mismo todos los viernes por sistema y con todos los autobuses de la tercera edad del INSERSO -no como antes que me aparecía sólo cuando a mí me daba el punto-, y para que el gobierno, que es quien me paga, ahorre en gastos, contenga el déficit y no haga más recortes sociales que los imprescindibles, que dicen que de otra manera les daría mala prensa. Puñetera crisis…
Pues no veas la que le tienen preparada a los funcionarios, pobrecillos. En ésa, yo ya no intervengo; total, para la miseria que me dan…
Qué vida de perros esta, aun siendo eterna; ya no nos salvamos ni los espectros…
De nuevo, Sibila nos regala un artículo repleto de imaginación. GRACIAS.
















