En los tiempos que transcurren es
cada vez más común ver cómo mucha gente tiene que sobrevivir en el día a día,
utilizando cualquier tipo de artimañas con tal de llevarse algo a la boca.
La necesidad impera: desde buscar
en los contenedores cualquier tipo de alimentos que puedan aprovechar los enseres
que puedan serles útiles, hasta hallar cobijo en lugares insospechados para
crear su propio “hogar”; desahucios canallescos que destrozan familias;
suicidios que se van familiarizando en nuestras mentes, tratando, en la mayoría
de los casos, de no delinquir.
También los hay, de los de
siempre, que desde el momento de nacer hicieron un pacto de juramento de no
hacer ni el huevo, de no dar palo al agua eternamente, empleando hasta el engaño
y la trapalería.
Una palabra muy utilizada en
España para calificar cualquier tipo de situaciones de supervivencia es
“Picaresca”.
Para comprender el génesis de esa
palabra tenemos que remontarnos a la primera mitad del siglo XVI. Tiene unas
connotaciones literarias.
Forma parte, principalmente, de
una obra ejemplar titulada “Lazarillo de Tormes”, que al tener continuación,
después de 70 u 80 años con el “Guzmán de Alfarache”, o posteriormente con “El
Buscón”, alcanza la categoría de “Género”. Si no hubiese sido así, se hubiera quedado simplemente en una gran obra literaria.
“Lazarillo de Tormes” narra las
aventuras y desventuras de un humilde niño que tiene que abandonar su hogar,
dándose a distintos amos, que casi todos le tenían muerto de hambre.
Siempre serán recordadas algunas
célebres escenas que se desarrollaron con su primer amo, el ciego, sin duda del
que más aprendió, con putadas mutuas y continuas, terminando a mamporros
limpios.
Otros, posteriores, fueron
principalmente del gremio eclesiástico, además de un escudero (hidalgo) y un
alguacil.
Para hablar de esta obra
necesitaríamos rellenar muchísimas páginas, no obstante resumiremos los rasgos
más destacables.
Se trata de un relato prosaico,
de multitud de vicisitudes que vive Lázaro, en un tono jocoso, cómico, muy
humorístico, irónico, con mucha crítica de la realidad social española de la
época, donde prolifera el hambre, la mendicidad y la delincuencia, con
vagabundos, malhechores, bandoleros; grandes pícaros vagabundos y estafadores.
La obra está también impregnada
de una crítica mordaz anticlerical y contra el sentimiento de la honra, hacia
sus indigentes hidalgos que tanto desprecian el trabajo; la visión social del
honor y la obsesión de la limpieza de sangre.
Toda la obra está narrada en autobiografía,
donde Lázaro cuenta su vida, desde su origen hasta el deshonor final; tiene una
única visión, la del narrador.
Esta gran joya, es una novela cerrada, es decir está contada
desde el final.
Lázaro inicia la narración
contando su vida a un personaje importante, posiblemente del mundo
eclesiástico, por escrito, en contestación a una carta inicial recibida. Trata
de demostrar, a través del relato, el por qué llegó al deshonor final. Éste se
refería a consentir que su esposa tuviese que “visitar” a su señor, el
Arcipreste de San Salvador, el cual le obligó a casarse con ella, dándole a
cambio prosperidad y buena fortuna.
Este episodio se convierte en
burla popular por toda la ciudad. Ya el ciego se lo dijo, en plano bromistas,
cuando Lázaro topa con una cornamenta de ciervo en un mesón; augurio del
futuro.
En fin, el número de episodios
humorísticos son continuos; los hambrientos, también.
Resumiendo: “EL HAMBRE AGUDIZA EL
INGENIO”.















