
Cuenta una historia japonesa, que en un remoto pueblo, vivía un rico comerciante con sus cinco hijas.
Nadie las había visto nunca, pero se rumoreaba de su extraordinaria belleza.
Vivían en una magnifica finca, rodeadas de todos los caprichos que su padre les permitía y tuteladas por un regimiento de sirvientes.
El secreto de nuestro comerciante, era que su éxito y fortuna, dependían de un pacto muy antiguo y de familia.
El, debía entregar a su benefactor alguna de sus hijas, cuando llegaran a la edad casadera, pero sin haber tenido ningún tipo de encuentro emocional ni corporal, que les hubiera despertado los instintos sexuales.
Las cinco hermanas eran como un ramillete de rosas: frescas, alegres, apasionadas, virginales….
Entre ellas ya despuntaba una inquietud desconocida, querían ver, saber, sentir, algo que les era nuevo, pero a la vez las inquietaba, ¿seria el amor?
En los atardeceres en que el cielo se pinta de colores pastel, las hermanas correteaban y jugaban inocentemente entre los jardines floridos y los estanques inmaculados de su residencia. Esos cuerpos frágiles y a la vez de un magnetismo salvaje, recorrían todos los rincones del alma de aquel que las observaba.
En una noche, de luna clara y que el calor acerba aun mas los desasosiegos de una adolescente pura, la mayor de nuestras hermana, busco sosiego en las albercas de su jardín, con esos nenúfares flotantes que la invitaban a refrescar su ardiente cuerpo en las aguas cristalinas.
Se fue despojando lentamente de las cintas de su pelo, de las sandalias que cubrían sus tímidos pies, del Kimono que protegía su dulce cuerpo y amparada por la luz de la luna y la brisa del aire se entrego a la libertad de nadar desnuda, creyendo ganar la batalla a la vigilancia de su padre.
Al salir de la alberca, las hojas de los árboles y de los ciruelos, arreciaban contra su cuerpo produciéndole un extraño escalofrío, cuando sintió el calor protector y a la vez inquietante de un cuerpo que se estrechaba contra el suyo.
Miedo, sensaciones nuevas, rubor, todo en décimas de segundo se mezclo en su mente… ¿quien era, que ocurría, porque ella no se defendía y despegaba de aquel cuerpo que la arropaba?
Continuará...
Este artículo es de nuestra incondicional amiga y colaboradora QUEEN, nos dejas con la miel en los labios
Reedición: Artículo publicado el 15 mar 2010
Nadie las había visto nunca, pero se rumoreaba de su extraordinaria belleza.
Vivían en una magnifica finca, rodeadas de todos los caprichos que su padre les permitía y tuteladas por un regimiento de sirvientes.
El secreto de nuestro comerciante, era que su éxito y fortuna, dependían de un pacto muy antiguo y de familia.
El, debía entregar a su benefactor alguna de sus hijas, cuando llegaran a la edad casadera, pero sin haber tenido ningún tipo de encuentro emocional ni corporal, que les hubiera despertado los instintos sexuales.
Las cinco hermanas eran como un ramillete de rosas: frescas, alegres, apasionadas, virginales….
Entre ellas ya despuntaba una inquietud desconocida, querían ver, saber, sentir, algo que les era nuevo, pero a la vez las inquietaba, ¿seria el amor?
En los atardeceres en que el cielo se pinta de colores pastel, las hermanas correteaban y jugaban inocentemente entre los jardines floridos y los estanques inmaculados de su residencia. Esos cuerpos frágiles y a la vez de un magnetismo salvaje, recorrían todos los rincones del alma de aquel que las observaba.
En una noche, de luna clara y que el calor acerba aun mas los desasosiegos de una adolescente pura, la mayor de nuestras hermana, busco sosiego en las albercas de su jardín, con esos nenúfares flotantes que la invitaban a refrescar su ardiente cuerpo en las aguas cristalinas.
Se fue despojando lentamente de las cintas de su pelo, de las sandalias que cubrían sus tímidos pies, del Kimono que protegía su dulce cuerpo y amparada por la luz de la luna y la brisa del aire se entrego a la libertad de nadar desnuda, creyendo ganar la batalla a la vigilancia de su padre.
Al salir de la alberca, las hojas de los árboles y de los ciruelos, arreciaban contra su cuerpo produciéndole un extraño escalofrío, cuando sintió el calor protector y a la vez inquietante de un cuerpo que se estrechaba contra el suyo.
Miedo, sensaciones nuevas, rubor, todo en décimas de segundo se mezclo en su mente… ¿quien era, que ocurría, porque ella no se defendía y despegaba de aquel cuerpo que la arropaba?
Continuará...
Este artículo es de nuestra incondicional amiga y colaboradora QUEEN, nos dejas con la miel en los labios
Reedición: Artículo publicado el 15 mar 2010






















