El pasado 11 de marzo nos levantamos estupefactos al conocer la noticia de la gran catástrofe natural que azotó, principalmente, la zona norte del archipiélago japonés. Un seísmo (sismo) de casi nueve grados en la escala Richter con hipocentro en el océano Pacífico, al oeste de Hokaido, la más septentrional de las grandes islas de Japón, hizo temblar a través de sus ondas sísmicas todos sus alrededores.
Lo peor llegó momentos después; el seísmo provocó un desgarro del terreno; una falla. Como una gran turbina subterránea, puso en movimiento grandes masas de agua marina (Tsunami), que a una velocidad impresionante, arrasó todo lo que encontraba a su paso, adentrándose Kilómetros desde la línea de costa.
Las replicas continuas no cesan.
Los movimientos sísmicos (Terremotos), son signos evidentes de que el planeta tierra tiene vida. La energía de su interior puede aflorar de muchas formas.
La corteza terrestre es la capa sólida exterior, con distintos niveles de grosor, que en forma de placas tectónicas, flotan sobre un manto viscoso incandescente, Así el magma del manto tiende a salir por las fisuras que se crean entre placas. La corteza se va creando y destruyendo en un proceso continuo. Las placas oceánicas son más densas que las continentales; por este motivo se produce una subducción de unas bajo las otras. Son zonas de destrucción de corteza terrestre.
Precisamente es en esa frontera donde existe una gran actividad sísmica. Ejemplos de estas fronteras pueden ser: La placa Pacífica con la Norteamericana, la de Cocos con la del Caribe, la de Nazca con la Sudamericana, la Arábiga e Indoaustraliana con la Euroasiática, etc.
Puntualmente, existen más zonas con gran actividad sísmica, como los arcos volcánicos: archipiélagos volcánicos repartidos por casi toda la geografía del planeta.
Existen otras zonas donde se crea corteza terrestre: El magma, lava basáltica, aflora por el rift axial, es decir por las dorsales oceánicas, que son como grandes cordilleras que de norte a sur recorren el centro de los grandes océanos..
Hemos oído hablar, en muchas ocasiones, de una falla: Cuando una placa litosférica (tectónica) se desliza por delante de otra, sin ocasionar separación o convergencia entre ellas, se produce una fractura casi vertical; eso es una falla. Se trata del plano de fractura de una roca, produciendo un movimiento de la masa rocosa de un lado con respecto al otro.
Los destrozos que pueden ocasionar los terremotos, dependen, tanto del nivel de grados que alcancen en la escala Richter (antes Mercalli), como de la aplicación de las leyes antisísmicas en la construcción de edificios del país donde ocurra el seísmo. Como es lógico, el nivel económico de los países incide en la mayor o menor aplicación de dichas leyes y por lo tanto en los daños que pueden generar.
El sismógrafo, aparato que a modo de un electrocardiograma, va marcando continuamente los incesantes movimientos sísmicos, casi siempre imperceptibles para los sentidos del ser humano.
Japón es una gran nación y su potencia económica y por lo tanto de aplicación de las leyes antisísmicas en las construcciones, están fuera de toda duda; no obstante el terremoto y posterior tsunami que ha padecido, ha sido de tal intensidad que sus efectos han sido devastadores, además de haber dañado gravemente importantes infraestructuras nucleares, generando una evidente y grave amenaza nuclear.
La grandeza de esta nación, pero sobre todo la organización, laboriosidad y sacrificio del pueblo japonés, está siendo decisivo en la titánica lucha que, en este momento, se está realizando para reconstruir la zona afectada y para impedir una catástrofe nuclear mayor a la ya ocurrida. Solo podemos manifestar nuestra admiración y apoyo a este pueblo amigo. Japón estáis en nuestro corazón.
















