Manfred Albrecht Freiherr von
Richthofen era mejor piloto que amante y nuestra separación estaba anunciada por sus ideas cavernícolas sobre
la raza aria; nos batimos en el cielo de Niza y debo reconocer que el Barón
Rojo con su biplano Albatros le dio toda una lección a mi pequeño Fokker de
bolsillo.
Con mi paracaídas color arco iris
me posé cerca de las Ardenas y aún no había puesto los pies en el césped cuando
lo vi. ¡Allí estaba! Como siempre que me encontraba en un conflicto, mi Bond,
James Bond, el que nunca muere, ni tan
siquiera en mi corazón.
-
¡¡Felicidades James!!
Le dije mientras le entregaba su
regalo por su cincuenta cumpleaños.
Como un niño nervioso lo desenvolvió
y su cara de asombro me mostraba que no había errado.
-
¿Cómo has conseguido mi Mrya (sueño)?
Me dijo mientras tocaba
suavemente la pistola Walther P5 que le había prometido.
-
Cariño, para ti siempre lo mejor.
Nuestro encuentro fue apasionado
y amatorio; rodamos por la hierba cuajada de amapolas y por primera vez
intercambiamos los papeles; él me dio licencia para matarlo a besos y yo le
dejé emplear su pistola en mi cuerpo tantas veces como le vino en gana.
James, como buen inglés, tenía el
picnic preparado; había pasado la hora del té y nos decidimos por sus
fantásticos dry Martinis para reponer fuerzas. Al final repetimos… de todo.
-
James, cielo, tengo un problema.
-
Lo que necesites, pequeña.
-
James, no me gusta que me disminuyas.
-
Disculpa mi querida Mata Hari.
-
Necesito que realices una misión en Hispania.
Conoces bien el terreno, estuviste en
Cádiz solucionando la misión del “Dr. No” o en “Diamantes para la Eternidad”.
-
¿De qué se trata?
Me dijo mirándome con sus ojos
verdes mientras me ofrecía un nuevo Dry Martini, en su justo punto, agitado, pero
no revuelto.
- Quiero que impartas un curso de inglés a los
políticos españoles y otro de defensa personal a la policía española que se ve
acosada últimamente por manifestantes de extrema izquierda.
-
Dalo por hecho.
-
James, tesoro… otra pequeña cosita…
Tatareaba la canción que tanto me
gustaba “Sólo se vive dos veces” de Nancy Sinatra y John Bari.
-
Lo que necesites muñeca.
-
¡James!
-
Disculpa mi amor, soy todo oídos.
-
James, intenta también que Mariano, creo que es
el nombre del presidente de ese país, deje de marcarse pasos de tango con Rosa
Klebb ya que ella está imponiendo la política económica del país.
-
Mi amor, Rosa era agente secreta de Spectra y en
la misión “Desde Rusia con amor” fue liquidada.
- James,
qué inocente eres. Este tipo de mujeres tan poco femeninas siguen
reencarnándose de forma constante y ahora se hace llamar Angela Merkel.
-
¿Tienes prueba de que bailan juntos?
-
Cuarenta y siete millones de pruebas, James.
-
¿Cómo deseas que denominemos esta misión?
-
¿Qué te parece Operación “Spañistan”?
-
¿Otro Dry Martini?
-
No, gracias querido, nos vemos.
Él se marchó en su Aston Martin
DB5 del 63 para pasar unos días en “Casino Royale” y yo en mi pequeño deportivo
BMW 28 con dirección al aeropuerto para volar a mi próximo destino en Jamaica y
encontrarme allí con Ian Fleming.
Las perspectivas eran muy
positivas, como padre de Bond esperaba que tuviera cualidades amatorias
superiores a todas sus creaciones de 007. También después de cincuenta años
estaría en la madurez que siempre me ha gustado en los hombres.
Me sentía alegre y si todo salía
de acuerdo a mis planes le pediría en el lecho una promesa que no podría negarme,
la próxima novela se titularía “Las Seis Joyas de los Espíritus de Haddock”.
Artículo reeditado: Originalmente publicado el 16 de Octubre de 2012.