
No tengo ganas de levantarme, ¡otro día más!, y ¿para y qué?, y ¿o Por qué?. ¿No he tenido ya bastante?. He dormido muy mal esta noche; bueno, apenas he dormido, me acosté hace dos horas para dar interminables vueltas y levantarme para atiborrarme de pastillas que dicen que me harán sentirme mejor. Llevo años tomándolas y sigo igual, sin ganas, sin ilusión y con muchísimos dolores.
¿Y a quién se lo cuento?, si ya lo he hecho miles de veces y siempre igual, siempre lo mismo, creo que ya están hartos de escucharme, y no lo hacen, cambian de conversación, y si lo hacen es por lástima o porque creen que de ese modo soy menos infeliz.
Estoy hasta las narices de que se compadezcan de mí, cuando no tengo una cosa tengo otra, y así todos los días. Los médicos ¡Ay los médicos!, creo que no queda ninguno en el cuadro al que no haya acudido; siempre lo mismo, me ignoran o así a mí me lo parece (pase el siguiente), me cambian la medicación y me intentan consolar, cosa que no consiguen, diciéndome que la recuperación es lenta, que poco a poco iré mejorando, y me despiden con halagos dándome cita para el próximo año o para nunca, total piensan que no tengo arreglo y que soy un buen “conejillo de indias” en el que probar las ultimas novedades que el último representante farmacéutico de turno les has presentado.
Encima, la casa, la familia, el trabajo del que cualquier día me echan simplemente por estar enferma, ¡merece la pena!.
Tengo una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud, pero no por los médicos generales, ni por los especialistas, ni por la legislación laboral, ni por las más modernas y últimas leyes de Prevención de Riesgos Laborales que me obligan ha realizar una vida laboral y social para la que estoy incapacitada.
Mis hijos están ya cansados de mi impotencia, de mi carácter, de mi forma de actuar; y no os cuento mi pareja, mis compañeros de trabajo, mis vecinos,…
Soy un trasto, pero no encuentro el cuarto de los mismos para encerrarme allí y no volver a salir.
Sí os sentís así, sí piensas que estás en las mismas circunstancias, desde aquí os mando una llamada de socorro y a la vez una llamada de ayuda y colaboración para que todos y todas que nos encontremos en las mismas circunstancias nos ayudemos y entre todos puede ser que consigamos encontrar una luz al final del túnel.
Gracias por leerme.
Robin Hood
¿Y a quién se lo cuento?, si ya lo he hecho miles de veces y siempre igual, siempre lo mismo, creo que ya están hartos de escucharme, y no lo hacen, cambian de conversación, y si lo hacen es por lástima o porque creen que de ese modo soy menos infeliz.
Estoy hasta las narices de que se compadezcan de mí, cuando no tengo una cosa tengo otra, y así todos los días. Los médicos ¡Ay los médicos!, creo que no queda ninguno en el cuadro al que no haya acudido; siempre lo mismo, me ignoran o así a mí me lo parece (pase el siguiente), me cambian la medicación y me intentan consolar, cosa que no consiguen, diciéndome que la recuperación es lenta, que poco a poco iré mejorando, y me despiden con halagos dándome cita para el próximo año o para nunca, total piensan que no tengo arreglo y que soy un buen “conejillo de indias” en el que probar las ultimas novedades que el último representante farmacéutico de turno les has presentado.
Encima, la casa, la familia, el trabajo del que cualquier día me echan simplemente por estar enferma, ¡merece la pena!.
Tengo una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud, pero no por los médicos generales, ni por los especialistas, ni por la legislación laboral, ni por las más modernas y últimas leyes de Prevención de Riesgos Laborales que me obligan ha realizar una vida laboral y social para la que estoy incapacitada.
Mis hijos están ya cansados de mi impotencia, de mi carácter, de mi forma de actuar; y no os cuento mi pareja, mis compañeros de trabajo, mis vecinos,…
Soy un trasto, pero no encuentro el cuarto de los mismos para encerrarme allí y no volver a salir.
Sí os sentís así, sí piensas que estás en las mismas circunstancias, desde aquí os mando una llamada de socorro y a la vez una llamada de ayuda y colaboración para que todos y todas que nos encontremos en las mismas circunstancias nos ayudemos y entre todos puede ser que consigamos encontrar una luz al final del túnel.
Gracias por leerme.
Robin Hood
GRACIAS a nuestro seguidor y habitual colaborador, Robin Hood.















