Soy un gigante pétreo, ocupa e invasor; ladrón de nostalgias y sueños.
El poderoso, el más poderoso, el que se cree más poderoso, de la mano de Machuca, viciado en su afán “Manierista”, contaminó el símbolo del paraíso, quiso ver una luna nueva en la sempiterna luna mora.
¡Serás el adalid del “Sacro Imperio Germánico”, conquistarás muchos territorios, pero nunca podrás conseguir mi hermanamiento con el de “Comares” ni con el de “Los Leones”! Lo único que nos une son los largos brazos iluminados por el embriagado rojo de las antorchas nocturnas, mientras galopan de torre en torre, de la “Dela Vela” a la del “Homenaje”; de la “De los Hidalgos” a la “Quebrada”; del Adarve a “Plaza de Armas”.
¡Cuántas lágrimas derramadas y cuántos suspiros exhalados por el rey moro, fruto de la confianza, relajación y amor a una vida melancólica y de contemplación! ¡Nadie derrama ninguna lágrima por mí, sólo rostros enrarecidos por la incompatibilidad!, ¡no encajo aquí!, ¿Qué pinto aquí?.
Daría más de una de mis frías piedras para transformarme en el fantasma Abencerraje, galante, para poder penetrar en las entrañas del Generalife y tomar así la mano de la reina mora en el “Patio del Ciprés de la Sultana”, suspirarle al oído y regalarle esencias de limones, violetas y rosas.
La belleza de mi hogar es inigualable, protegido por el Señor de la cumbre nevada, al que muchos pretenden alcanzar a través de la “Escalera del Agua”, en el más puro deleite y disfrute de los sentidos.
Siento tristeza, quizás sea envidia a las bóvedas de laureles, los arrayanes, el sonido de las cruzadas y alargadas lágrimas de agua cristalina, a un grupo de fierecillas que derraman sonidos acuosos en unos acordes musicales de ensueño:
“(…) A tan diáfano tazón,
tallada perla,
por orlas el aljófar remansado,
y va entre margaritas el argento,
fluido y también hecho blanco y puro.
Tan afín es lo duro y lo fluyente
que es difícil saber cuál de ellos fluye (…)”.
Lo único que me quedará será cerrar mis sangrantes heridas de amargura y aprender a convivir con todos mis vecinos del entorno; que se difumine la frontera de la Historia y del Arte, y soñar con que, con el tiempo, me quieran un poquito más y recoger algún que otro suspiro.














